abril 10, 2012

Romper herencias

En mi casa se lloraba en voz baja. O no se lloraba.
Trato de hacer memoria pero no recuerdo ver llorar a nadie.
Uno acomoda la memoria como mejor le queda, y de esos momentos donde hubiera sido oportuno llorar recuerdo días muy soleados y como los rayos de sol se mezclaban con el terrible silencio de todos los que estábamos en mi casa. Como si la naturaleza quisiera compensar nuestra tristeza.
Nada de lágrimas.
Y al día siguiente, como si nada hubiera pasado. Cada uno con su almohada o con su monstruos resolvía sus penas.
Como si no mostrarlo hiciera que duela menos. Como si al callarlo no desbordara por los ojos.
Lo que duele, duele aunque lo escondas; aunque la naturaleza compense; aunque mañana sea otro día y finjamos que no ha pasado nada.
Yo aprendí, con el tiempo, a llorar sin miedo, a exorcizar dolores con lágrimas. Porque sí pasa… y me duele que pase, pero no hay alternativa. 

Soy de las que cree que se puede romper patrones, herencias y costumbres; que si uno no cambia, muchas veces, es por comodidad.

Pero acá estoy, llorando sola. Aunque no quiera. 



















           
Las lágrimas que no se lloran no se secan nunca por dentro. 



5 comentarios:

  1. en casa se lloraba de bronca,...algunas veces de emoción....yo no se, pero no puedo


    te mando un abrazo

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  2. Hola Mar, buenas paso y dejo un trazo muy deleble a mi huida.
    Es envalentonador tu texto. Es raro, porque podría hacerse pasar (él) por triste. Pero el texto no llora. No derrama una pizca de frio salado por las pupilas, ni abre la boca en sollozo a escondidas. A diferencia de la casa donde este texto ha vivido a escondidas, él no repite costumbres. Y con él usted (que no es menos importante en este entierro) que nos lo cuenta con la valentía de quien ha roto lo que hay que romper para que no estalle cualquier llanto, ni chante cualquier texto.
    Gracias por la valentía de vuelta y de vida.
    un abrazo
    Arrabal

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    Respuestas
    1. Gracias por leer siempre, Luciano.

      Un beso.

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    2. pero de nada che, gracias por lo valiente.

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Manejo mejor las críticas que los halagos, pero vos sos dueño de decir lo que quieras. Incluso, es muy sabio no decir nada.